el fallo de la industria editorial; lo
poco
que han leído, como no sea el manual
del anarquista urbano.
Construyen la revolución de las
sonrisas
mientras arde en una pira funeraria
el cadáver ya macilento de las risas
que reímos hace años, nosotros, los
que
vimos crecer la democracia desde el
barro.
No tuvieron su guerra, ni su aventura.
Es
comprensible que quieran romper la
ciudad.
Perdonadles. ¡Son tan jóvenes!

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